Vi a una chica. Me dijo:
— Hola.
— Hola —respondí yo.
— ¿Quieres que estemos juntos?
— Sí —dije.
Ella se acercó a mí, me miró a la cara y me dijo:
— Eres guapo.
— Tú también, guapísima —le contesté.
Entonces me preguntó:
— ¿Cómo te llamas?
— Jordi. ¿Y tú, cómo te llamas?
— Laura.
— ¡Qué nombres más bonitos y catalanes! —dijo ella—. Sí.
Después me miró y me dijo:
— ¿Te gusta mi ropa?
— Sí, mucho.
— Tú también vas muy guapo con tu ropa —añadió ella—. Escucha, ¿quieres que vayamos a tomar algo?
— Sí, de acuerdo.
Ella pidió una Coca-Cola y yo también. Para picar, pedimos una bolsa de patatas y unas patatas bravas para los dos. Me explicó muchas cosas y hablamos de muchos temas divertidos. De repente, me preguntó:
— ¿Qué edad tienes?
— Yo tengo 36, ¿y tú?
— ¡Igual que tú!
Me quedé de piedra. ¡Somos de la misma edad!
— ¿De qué mes eres? —me preguntó.
— Yo soy de diciembre.
— ¿Tú también? ¡Qué casualidad, yo también soy de finales de diciembre!
Estuvimos un buen rato juntos y nos lo pasamos muy bien. Cuando acabamos de beber y de comer las patatas bravas, fuimos a pagar. Ella dijo:
— Invito yo.
— De acuerdo, muchas gracias —dije yo.
Entonces decidimos ir juntos a otro lugar.
— ¿Adónde quieres ir? —me preguntó Laura.
— Vamos a mi casa —propuse.
— Sí, perfecto, pero llama a tus padres.
¿Llamarlos? Esperé un momento. Ella cogió el teléfono, hizo una llamada y al colgar me dijo:
— Sí, dicen que ahora mismo me traerán una maleta con ropa.
Entonces nos llegó un mensaje de WhatsApp donde nos preguntaban dónde estábamos exactamente. Contestamos que estábamos dentro del centro comercial de L’Illa Diagonal. Los padres de Laura respondieron: “De acuerdo, hasta ahora”.
Unos minutos más tarde, los vimos llegar.
— ¡Hola! —dijeron los padres, y se dirigieron a mí—: Tanto gusto en conocerte.
Laura les preguntó:
— ¿Lo conocéis?
— Sí, de la escuela de hace mucho tiempo —respondieron los padres muy contentos—. Aquí tienes la maleta, Laura, ya puedes irte con Jordi. Seguro que lo pasaréis muy bien juntos, ¿verdad?
— ¡Y tanto que sí! —respondimos.
— ¡Adiós, hasta pronto! —se despidieron los padres de Laura.
Nos lo pasamos tan bien juntos, caminando y riendo… Cuando llegamos a mi casa, la presenté a mi padres:
— Os presento a Laura, una amiga de la escuela de hace mucho tiempo. Nos hemos encontrado en L’Illa Diagonal y pasará unos días aquí con nosotros. Se puede quedar, ¿verdad?
— ¡Y tanto que sí! —dijeron mis padres.
Ella estaba contentísima. Mis padres añadieron:
— Id adonde queráis, nosotros estaremos en el comedor haciendo nuestras cosas, ya lo sabéis.
Y así terminó mi imaginación.
Imaginar a una chica
4 de juny de 2026
· Jordi Amorós
ES
EXIT21
