Bajo aquella infinita noche estrellada,
las sombras de dos almas gemelas
que por fin se habían encontrado,
unidas en un solo cuerpo se entregaron.
Como dos presos atrapados por el deseo,
se dejaban llevar por sus ardientes miradas;
entre fuego y cenizas sus vidas consumidas,
por la magia de la noche eran avivadas.
La suave brisa de aquel viento de los mares
les traía, a lo lejos, el eco de sus bellos cantares.
Sus miradas entrecruzadas contemplan
cómo el alba les enfriaba sus carbones,
al tiempo que sentían fundir sus corazones.
Ya no tardaría el día en amanecer,
pero el sol apagaría el fuego de su piel;
unidos en un lazo que nadie pudo romper,
sellaban con un beso su destino fiel.
